GLOBALISMO PRESENTE EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

En el “Manifiesto del Partido Comunista”, escrito por K. Marx y F. Engels y publicado en 1848, la primera frase que aparece es “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Comunismo”.

Hoy, pareciera ser que ese fantasma se vino a asustar a América Latina.

En tiempos de Marx y Engels,  las confrontaciones políticas esenciales en Latinoamérica eran entre liberales y conservadores, militares y civiles, sectores populares y oligarquías regionales, pero aún no entre derecha e izquierda.

Los partidos Comunistas latinoamericanos surgen en el siglo XX, alentados por el triunfo de la Revolución Rusa (1917), y prácticamente todos se subordinaron a la III Internacional Comunista o Komintern (1919) fundada por V.I. Lenin.

En América Latina, la etiqueta de “comunista” empezó a usarse contra quienes denunciaban las condiciones humanas creadas por las dominaciones oligárquico-burguesas, incluso aquellos que no comulgaban con los creadores de la doctrina marxista, sino que buscaban un poco de justicia social.

La Revolución Mexicana fue tildada de  “comunismo” y atacaron así a su Constitución de 1917, pionera en inaugurar los derechos sociales y laborales, al igual que pasó en Costa Rica cuando el arzobispo de San José Víctor Manuel Sanabria y Manuel Mora Valverde (entre otros), establecen una alianza con el presidente de la República, el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, y se da la gran reforma social, donde se establecen los derechos laborales, la CCSS y la Universidad de CR, y sobre esos hechos existen varias versiones, donde siempre salió a relucir “el comunismo” detrás de esa transformación, calificativo quizá erróneo sobre la base del desconocimiento o tergiversación de lo que ocurría en la Unión Soviética (URSS) o de las obras de Marx, Engels y Lenin.

Paradójicamente, entre la intelectualidad y los artistas, tanto como entre los profesores y profesionales latinoamericanos, era muy prestigioso identificarse con la izquierda y con el “socialismo”.

El panorama cambió con la guerra fría, una vez concluida la II Guerra Mundial (1939-1945).

A fin de preservar la seguridad continental, los EEUU encabezaron la contención del “comunismo” en América Latina. Los principales instrumentos para esa estrategia fueron la OEA (1948), en el campo diplomático, y el TIAR (1947), en el campo militar, pues gracias a éste, las fuerzas armadas latinoamericanas empezaron a contar con “asesoría técnica” que encubrió la penetración ideológica para el anti-comunismo.

Con el triunfo de la Revolución Cubana (1959) el anti-comunismo de McCarthy  se convirtió en política total y radical de los EEUU en el continente, sin admitir una sola disidencia gubernamental, por lo cual, desde la década de 1960, cada país latinoamericano tiene suficientes experiencias históricas para referir sobre golpes de Estado, intervenciones, acciones encubiertas y gobiernos que priorizaron la guerra contra el “comunismo”.

En Ecuador, una Junta Militar (1963-1966) nacida de las acciones directas de la CIA, decretó fuera de la ley al comunismo, acogió el programa Alianza para el Progreso e inauguró la vía desarrollista que incluyó la reforma agraria (1964) que puso fin al sistema hacienda. Los grupos de poder económico acusaban a esa Junta de “comunista”.

A Cuba se le impuso un bloqueo que continúa hasta el presente a pesar de la condena mundial; en Nicaragua el triunfo sandinista (1979) fue considerado como un peligro para Centroamérica y se lanzó la guerra interna para derrocarlo; en Chile el “comunismo” de Salvador Allende (1970-1973) fue liquidado por la dictadura de Augusto Pinochet, una de las más sanguinarias y terroristas en la historia de la región, cuyos métodos siguieron dictaduras similares en Argentina, Bolivia, Uruguay y Brasil, amenazando con el “Plan Cóndor” en todos los países, con desapariciones de personas, torturas, asesinatos y todo tipo de violaciones a los derechos humanos. Otra paradoja histórica: mientras eso ocurría en aquellos países, en Perú, con el general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y en Ecuador, con el general Guillermo Rodríguez Lara (1972-1976), se tuvo, en cambio, gobiernos reformistas y desarrollistas (en Perú se definió como “socialista”), que despertaron acusaciones de ser “comunistas”, por el simple hecho de afectar algunos de los intereses de las burguesías oligárquicas.

Al final, los brutales alcances del irracional anticomunismo que experimentamos en América Latina, es quizá la misma razón por la cual con el pasar de los años, les está permitiendo ir ganando terreno, infiltrándose de múltiples formas y colores en muchos países, sin que Costa Rica sea excepción.

El derrumbe del socialismo en la URSS y en los países de Europa del Este, quitó piso histórico al anti comunismo. De hecho, las izquierdas marxistas y sus partidos se vieron seriamente afectados. En las décadas de 1980 y 1990 el neoliberalismo globalizador desplegó sus triunfos, que en América Latina sirvieron para recortar derechos sociales y laborales, desatender a enormes mayorías, condenar al desempleo, el subempleo y la miseria a millones de habitantes y enriquecer a elites y clases empresariales carentes de todo sentido de responsabilidad social.

Bajo ese ambiente, lentamente surgieron en América Latina nuevas fuerzas identificadas con propuestas anticapitalistas, opuestas al neoliberalismo y al imperialismo. Este proceso explica el desarrollo de amplios sectores de izquierda, democráticos y progresistas, que pasaron a ser el sustento histórico de los gobiernos del primer ciclo progresista en la región, al comenzar el nuevo milenio.

Esos gobiernos ejecutaron políticas de Estado distintas al neoliberalismo, afectaron intereses de las elites del poder económico, político y mediático, y definieron sus acciones en una aparente política a favor de las grandes mayorías nacionales. Desde luego, esas elites del poder no perdonaron semejante irrupción, ya que más que gobiernos de corte “socialista”, lo que repentinamente se dio en varios de los países que tuvieron gobiernos supuestamente de izquierda, lo que verdaderamente sucedió fue la llegada de un nuevo sistema supuestamente “progresista” que distaron muchísimo del concepto de progresismo europeo, sino que era un progresismo ideológicos marxista, y por eso en varios países lograron retornar a gobernantes con proyectos más conservadores.

Sin embargo, la existencia de un amplio y variado sector de las izquierdas no se ha detenido y ha logrado un segundo ciclo de gobiernos progresistas (PROGRES) en Argentina, Bolivia, México, Perú, y ahora Chile.

Va quedando en claro que en América Latina se confrontan dos proyectos de economía y sociedad, en una cada vez más visible “lucha de clases” y división, que se establece principalmente desde las opciones progres, que aplican aquel viejo adagio de “divide y vencerás”.  

Existe un nuevo contexto histórico que aún mucho no han logrado visualizar, y sigue el “fantasma del comunismo” por ahí asustando, cuando la verdad es que hoy el fantasma real se llama “globalismo”.

Hoy, el comunismo es tan sólo una de las herramientas que utiliza el globalismo para penetrarse, así como también utiliza el progresismo (los progres), conceptos que se ubican a la izquierda en el espectro político tradicional, pero lo interesante hoy, es que ese globalismo es tan voraz y acomodadizo, que también utiliza el liberalismo, el capitalismo e incluso el imperialismo como herramientas para su penetración.

Por esa razón, lo que es de gran importancia es saber identificar partidos, personas, propuestas y principios globalistas, así como a esos entes internacionales que lo promueven e impulsan sus agendas.  En ese sentido es claro que Davos, El Foro Económico Mundial, la ONU y sus agencias incluyendo el Banco Mundial y El Fondo Monetario Internacional, así como la OEA, son la base estructural para el globalismo, que pretender destruir las idiosincrasias, las costumbres, los aspectos nacionalistas de cada país, la diversidad religiosa, la enseñanza y educación, la ética y la moral etc.

Estamos a pocos días de ir a las urnas, y sorprende la poca educación que el costarricense tiene para saber y poder reconocer a esos títeres del globalismo. Seguimos siendo asustados únicamente por el fantasma del comunismo, cuando en realidad hoy ese fantasma se disfraza incluso de anticomunista, de liberal y de cualquier otra forma para poder penetrar. 

En Costa Rica, no es tan difícil…, disfrazados de centro o derecha, el verdiblanco es uno de esos titiriteros globalistas, enviado por el Foro Económico Mundial y Davos como su principal ficha. Pero no es el único, pusieron a Mr.C como el plan B, un outsider sacado del Banco Mundial directo a una candidatura presidencial con apenas 2 años de estar en Costa Rica.  Pero tienen también plan C, D, E y hasta F, uno es el primo de OAS, establecieron partidos como Costa Rica Justa totalmente penetrado por el marxismo. Del lado izquierdo tiene en el Frente Amplio una opción, dada cierta coyuntura latinoamericana, Pueblo Unido también penetrado completamente por el marxismo leninismo, según lo denunció hace unos días el propio presidente de esa agrupación.

Por supuesto que como progresismo también tienen plan g y h, donde obviamente el PAC y un liberal son su carta de presentación.

Así que, mucho cuidado…, el globalismo está muy presente en estas elecciones, donde no tienen ni una ni dos opciones, tienen por lo menos 8 de las 25 opciones.

Artículo de Opinión

por Johnny Schmidt C. -analista e investigador-

News Reporter

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