Impactantes imágenes de la erupción del volcán submarino en Polinesia cercano a Tonga.

La erupción del volcán submarino en Polinesia causa al menos dos muertos en Perú y “daños significativos” en Tonga

La potente erupción de un volcán submarino en Tonga, tan fuerte que se ha podido ver desde el espacio y se ha sentido a lo largo de todo el Pacífico, el mayor océano del mundo, ha causado la muerte de al menos dos personas en Perú, al otro extremo de esas aguas, y ha desatado alertas de tsunami desde Japón a la costa oeste de Estados Unidos, con evacuaciones desde Chile a Australia. Pero la mayor devastación se ha registrado en Tonga, un reino de 170 pequeñas islas con un total de cerca de 105.000 habitantes en el sur del Pacífico.

Sin que se hayan recibido hasta el momento noticias sobre víctimas, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, ha indicado este domingo que el archipiélago ha sufrido “daños significativos”. Las imágenes de la erupción, de una fuerza equivalente a la de un terremoto de magnitud 5,8 en superficie según el Servicio Geológico de Estados Unidos, y cuyo sonido pudo escucharse en Alaska, a cerca de 10.000 kilómetros del volcán, son “enormemente preocupantes”, ha indicado la jefa de Gobierno.

La erupción del Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, a 65 kilómetros de la capital de Tonga, Nuku’alofa, lanzó durante sus ocho minutos cenizas, gas y vapor hasta una altura de 20 kilómetros en la atmósfera, y ha causado numerosos daños en la pequeña nación. La electricidad se encuentra cortada y las líneas de comunicación permanecen interrumpidas, y las imágenes que han llegado desde allí muestran grandes pedazos de piedra —posiblemente parte de los rompeolas— depositadas por la fuerza de las aguas tierra adentro. Las cenizas han contaminado los depósitos de agua potable y hacen el aire difícil de respirar, según indica el diario New Zealand Herald, que cita a residentes en el archipiélago.

Olas gigantes golpearon en cuestión de minutos tras la erupción la costa norte de la isla tongana de Tongatapu, cuyo punto más alto no llega a los treinta metros sobre el nivel del mar.

El Servicio Meteorológico de Australia señaló que “olas de unos 1,2 metros” golpearon Nuku’alofa, de 24.500 habitantes. Mientras caían del cielo guijarros y ceniza, muchos tuvieron que escapar a todo correr hacia zonas más altas, dejando atrás casas inundadas.

“Fue tremendo, el suelo tembló, nuestra casa temblaba. Vino por rachas. Mi hermano pequeño pensó que estaban explotando bombas en los alrededores”, contó la residente capitalina Mere Taufa al digital neozelandés Stuff. En cuestión de minutos su vivienda se inundó. “Podías oír los gritos de la gente por todas partes, la gente que gritaba para que todo el mundo fuera a zonas más altas”.

Nueva Zelanda ha ofrecido formalmente asistencia a su pequeño vecino y efectúa una primera evaluación de los daños, según ha indicado la ministra de Exteriores de ese país, Nanaia Mahuta. Ya ha puesto en marcha un fondo de medio millón de dólares neozelandeses para responder a las peticiones que pueda presentar el Gobierno de Tonga, y los ministerios de Exteriores y Comercio examinan las opciones para enviar la ayuda de la manera más rápida posible, ha señalado. Un avión de la Fuerza Aérea está listo para sobrevolar la zona afectada y determinar el impacto del tsunami en las islas externas de Tonga en cuanto lo permitan las condiciones atmosféricas.

“Nuku’alofa está cubierta por una gruesa capa de ceniza volcánica, pero las condiciones (actuales) son de calma y estabilidad”, ha declarado Ardern tras hablar con representantes de su país en Tonga, al parecer a través de teléfonos vía satélite.

Otras naciones vecinas del Pacífico como Fiyi, Vanuatu y Samoa también registraron el embate de olas de hasta dos metros de altura y mantuvieron durante horas después de que se hubiera levantado la alerta de tsunami un aviso de precaución sobre actividades costeras.

En Japón, donde se registraron olas de un metro en zonas costeras del Pacífico, cerca de 230.000 residentes recibieron avisos para trasladarse a terrenos de mayor altura debido a la posibilidad de un tsunami. Una treintena de barcos volcaron, se hundieron o soltaron amarras en tres prefecturas. Las líneas aéreas japonesas cancelaron 27 vuelos.

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