El año del desgobierno en Bulgaria

El 2022 transcurrió en Bulgaria entre intentos desafortunados de formar un gobierno que permita al país más pobre de la Unión Europea (UE) salir de la crisis política actual.

Como última apuesta y tras otras tentativas fallidas, el presidente Rumen Radev entregó al partido Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), otra vez, el mandato para formar un nuevo Ejecutivo.

El líder del GERB y ex primer ministro Boiko Borisov afirmó que, tras recibir el mandato, se abren dos opciones: volver a ser primer ministro o recomendar a una persona neutral que proponga un acuerdo marco válido para todos los partidos.

De concretarse una de estas alternativas, el partido contará con siete días para intentar lograr el apoyo necesario entre el resto de las formaciones con vistas a recibir el respaldo de la Asamblea Nacional (Parlamento).

Pero el pasado 21 de noviembre, Radev aseguró que se verá forzado a convocar elecciones anticipadas para marzo del próximo año en caso de que fracasen todos los intentos de formar gobierno, aunque reconoció que otros comicios podrían contar con una baja participación.

En las pasadas elecciones, celebradas el 2 de octubre, el GERB se impuso con más del 25 por ciento de los votos, por delante de la formación del actual jefe de Gobierno interino, Kiril Petkov, Seguimos por el Cambio, que recabó el 20,2 por ciento del respaldo.

Analistas vaticinaron entonces que ese resultado no ayudaría a desbloquear el estancamiento político en la nación considerada como la más pobre de la Unión Europea (UE), criterio a la postre demostrado.

Los estados de opinión recogidos por los medios nacionales demuestran que la sociedad espera una mayor responsabilidad de los políticos, tras el ineficiente trabajo de los últimos tres parlamentos.

En ese escenario sobrevinieron dificultades para consolidar al nuevo gobierno y además una moción de confianza contra Petkov, después de la retirada de uno de sus socios del Gobierno.

GABROVSKI, LA NUEVA ESPERANZA

Nikolai Gabrovski, un médico sin afiliación política pero respaldado por el partido conservador GERB, recibió el encargo de formar Gobierno tras las elecciones del pasado 2 de octubre, en un escenario que, según analistas, se muestra adverso para lograr el apoyo suficiente en un Parlamento dividido.

El GERB sigue dirigido por el ex primer ministro Borisov, quien dominó la política en el país entre 2009 y 2021 y cuenta con 67 diputados de los 240 que integran la Asamblea Nacional.

Como uno de los posibles socios de coalición aparece el Movimiento de Derechos y Libertades (DPS), considerado, junto al partido de Borisov, parte del modelo de corrupción que favoreció a la oligarquía económica durante la última década, estiman analistas.

Es un deber y un honor hacer todos los esfuerzos posibles para que Bulgaria logre un gobierno operativo, dijo Gabrovski antes de reconocer que el país está en una encrucijada de crisis económica, social, migratoria y política, la cual lleva activa dos años, según la agencia búlgara de noticias Sofia.

Haré todos los esfuerzos posibles para proponer un gabinete que se aleje de la charla política y la confrontación y que se acerque a la experiencia y la profesionalidad para superar con más facilidad este difícil momento histórico en el cual estamos, agregó.

ANTECEDENTES DE LA CRISIS

Desde el verano de 2020, el país se sumió en un estancamiento social y estallaron las protestas contra Borisov, a quien acusaron por corrupción y vínculos con la mafia.

En medio de esa situación de ingobernabilidad, Radev habló de la disolución de la Asamblea Nacional (Parlamento), la celebración de elecciones y alertó que la situación política podría derivar en una crisis constitucional.

Aseguró que el país necesitaba una “alternativa”, pidió a todas las fuerzas políticas reconsiderar su comportamiento y llamó a actuar de forma responsable para evitar el caos.

El mandatario se dice opuesto a las políticas que aplicó Borisov y que tuvieron un impacto, además, en el sector sanitario y en el enfrentamiento a la pandemia de Covid-19.

Bulgaria fue el país que más lento implementó el programa de vacunación dentro del bloque regional y muestra una de las tasas de mortalidad por la enfermedad más altas de la UE, según fuentes sanitarias.

Algunos ciudadanos consultados por la prensa nacional mostraban miedo a la inmunización por diferentes motivos, mientras otros negaban la pandemia, pese a las evidencias. A eso se suma la desconfianza casi total de la población en el Estado y en el sistema político, al que consideran plagado de corrupción.

La crisis se agravó durante la pandemia y alcanza hoy proporciones desmedidas derivadas de los efectos del conflicto bélico en Ucrania, la escasez de combustible, alimentos y otros recursos, y los albores del invierno.

Los días siguientes serán decisivos para alcanzar un acuerdo que ponga fin a dos años de desgobierno en Bulgaria, de lo contrario el 2023 será un año en que los electores volverán a las urnas entre el descontento y la desesperanza

Agencia Prensa Latina

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