Derechos humanos, Internacional, Opinión

Defender los DDHH es un delito en algunos países y una actividad mortal en otros

En el mundo de hoy, los defensores de los derechos humanos enfrentan inmensos desafíos, con amenazas, ataques y represión rampantes en muchos países.

Según el último informe de la organización Front Line Defenders (Defensores en Primera Línea), los asesinatos de defensores de los derechos humanos aumentaron en 2022, con un total de 401 muertes en 26 países diferentes.

A pesar de la adopción de la Declaración de la ONU sobre los Defensores de los Derechos Humanos hace 25 años, las amenazas a las que se enfrentan los defensores persisten en todo el mundo.

Un ejemplo llamativo de la grave situación se da en Bolivia, donde el Observatorio de Defensores de Derechos de la red local Unitas ha registrado violaciones de las libertades de expresión, asociación, reunión pacífica y del derecho a defender los derechos, siendo la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB) una víctima habitual de ataques y deslegitimación.

El Observatorio de Defensores de Derechos ha registrado un total de 725 violaciones de las libertades de expresión, asociación y reunión pacífica, de las instituciones democráticas y del derecho a defender los derechos.

Gladys Sandoval, defensora de los derechos humanos y del medioambiente en la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía, en Bolivia, revela cómo el Estado se alinea a menudo con las empresas petroleras en lugar de proteger a las comunidades. “Tariquía es el pulmón de Tarija», explica Sandoval.

Bibbi Abruzzini

Sin embargo, esta fuente vital de agua para el sur de Bolivia y hogar de más de 3000 personas, está en riesgo debido a que la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) busca reactivar la exploración petrolera en la reserva.

«Las petroleras están aquí, vamos a perder nuestra riqueza natural, van a afectar la vida de las familias, van a contaminar nuestra agua y nuestro aire», dice Sandoval, reflejando la urgente necesidad de defender los derechos humanos y el medioambiente.

Su historia es similar a la de otros muchos defensores de los derechos humanos de todo el mundo: son víctimas de hostilidades, injerencias, amenazas y acoso.

La campaña Reimagina la Defensa de Derechos, de la boliviana Red Unitas, recoge los testimonios de defensores de los derechos humanos y líderes indígenas de toda Bolivia para concienciar sobre los retos a los que se enfrentan.

Las historias de los defensores de los derechos humanos de todo el mundo también aparecen en la campaña #AlternativeNarratives (#NarrativasAlternativas), que busca amplificar las voces de las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos de base que trabajan por la justicia social, los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

Clarisse Sih

La campaña fomenta el uso de la narración de historias, las herramientas multimedia y la expresión creativa para poner de relieve perspectivas alternativas, desafiar los estereotipos y abogar por un cambio positivo, al tiempo que fomenta un espacio narrativo más inclusivo y equitativo que refleje la diversidad de las experiencias humanas y promueva la solidaridad, la empatía y el entendimiento mutuo.

Los defensores de los derechos humanos, incluidas las defensoras, siguen movilizándose contra los regímenes represivos y las fuerzas de ocupación en países como Afganistán, la República Democrática del Congo, El Salvador, Irán, Myanmar, Sudán y Ucrania.

Mary Lawlor, relatora especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, destaca que no se denuncian todas las violaciones de derechos humanos cometidas contra los defensores, especialmente las mujeres, y esboza «tendencias preocupantes» en relación con el espacio cívico en todo el mundo.

Repongac, que representa a más de 1200 oenegés de África Central, afirma que «los derechos humanos en África Central ya no están garantizados», y que los agentes de la sociedad civil, los periodistas y los defensores se enfrentan a represión, persecución y detenciones.

Las recientes campañas organizadas por Repongac en África Central y Repaoc en África Occidental, con el apoyo de la organización Forus y la Agencia Francesa de Desarrollo, reunieron a diversas partes interesadas, incluidos defensores de los derechos humanos, partidos políticos, parlamentarios, periodistas y personal de seguridad, para iniciar un diálogo y proteger el espacio cívico y las libertades fundamentales en la región.

Para apoyar a activistas y defensores en todo el mundo, el Instituto Danés de Derechos Humanos ha lanzado una herramienta de seguimiento que evalúa si existe un entorno propicio para los defensores de los derechos humanos en cinco áreas críticas.

Desarrollada en colaboración con 24 instituciones y organizaciones, incluidas las Naciones Unidas y redes de la sociedad civil, la herramienta no solo efectúa un seguimiento del número de asesinatos de defensores de los derechos humanos, sino que también analiza la presencia de legislación y prácticas adecuadas para proteger a los defensores.

Como explica Carol Rask, representante del Instituto Danés de Derechos Humanos, defender los derechos humanos es un delito en algunos países y una actividad mortal en otros. Se trata de un llamamiento a la acción para el cambio, en el que se insta a particulares, organizaciones y gobiernos a dar prioridad y proteger la crucial labor de los defensores de los derechos humanos en todo el mundo.

Griselda Sillerico, defensora de los derechos humanos en Bolivia desde hace más de 30 años, cita a Ana María Romero y dice que «los derechos humanos son semillas que seguimos plantando y que con los años cosechamos».

La cita de Griselda Sillerico se hace eco del espíritu perdurable de la defensa de los derechos humanos, donde el trabajo de los defensores de los derechos humanos como ella es un esfuerzo constante por sembrar las semillas de la justicia, la igualdad y la dignidad para todos.

A pesar de los retos y contratiempos, los defensores de los derechos humanos de todo el mundo siguen sembrando estas semillas, a menudo con gran riesgo personal, con la esperanza de cosechar un futuro en el que los derechos humanos se respeten y protejan universalmente.

Una activista en Colombia, el país más mortífero del mundo para los defensores de los derechos humanos en 2022, responsable de 186 asesinatos, o 46 % del total mundial registrado el año pasado. Foto: Sebastián Barros

Este es un artículo de opinión de Bibbi Abruzzini y Clarisse Sih, integrantes de la organización Forus International.

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