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Umbrales de resistencia de Irán: lo que enseña la experiencia histórica

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El resultado de la guerra en curso dependerá de qué actor logre superar los límites de resistencia del otro. Sin embargo, para Irán el punto clave en esta fase del conflicto no es solo militar: se trata de impedir que Estados Unidos amplíe aún más su hegemonía en Oriente Medio.

Cuando comenzó la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán en la madrugada del 28 de febrero, el planteamiento recordaba a la llamada guerra de los doce días. No obstante, esta vez la escala del enfrentamiento era mayor y el objetivo parecía más ambicioso.

Desde la perspectiva estadounidense, una segunda ronda de ataques dirigida contra figuras clave del liderazgo iraní —incluido el Líder Supremo— podría provocar un nivel de desorganización mayor que el observado en junio de 2025. La estrategia se apoyaba en la idea de combinar la ofensiva militar con intentos de generar caos interno.

Sin embargo, la reacción de Irán fue rápida y coordinada, lo que sugiere que el país ya contaba con un plan previamente diseñado incluso ante el escenario de la muerte del líder de la Revolución Islámica.

Esto implica que los objetivos militares ya estaban definidos con antelación y que el plan de respuesta había sido acordado previamente por las autoridades iraníes. También indica que los mecanismos para sustituir rápidamente a los dirigentes se activaron de manera paralela al lanzamiento de ataques contra Israel y contra bases militares estadounidenses en la región.

Diferencias con la guerra de 2025

Durante la primera fase del conflicto en junio de 2025, la respuesta iraní se desarrolló de forma gradual. El primer día se centró en neutralizar actos de sabotaje interno, como ataques con drones desde territorio iraní, y en reorganizar la estructura de mando tras los golpes recibidos. Solo más tarde se inició la respuesta directa contra Israel.

En cambio, en esta nueva fase del conflicto la reacción fue simultánea en varios frentes, lo que demuestra que las autoridades iraníes incorporaron las lecciones aprendidas anteriormente. El factor sorpresa que había favorecido a los atacantes en 2025 ya no tuvo el mismo impacto.

Una de esas lecciones fue evitar que una agresión externa coincidiera con disturbios internos o acciones armadas dentro del país. Por esta razón, la movilización de fuerzas populares progubernamentales y de las milicias Basij se convirtió en la primera línea de defensa para impedir intentos de desestabilización interna.

Según estimaciones del exoficial de la Marina estadounidense Scott Ritter, los ataques con drones desde el interior de Irán durante la guerra de 2025 habrían requerido una década de preparación. Esto explica el énfasis de Estados Unidos e Israel en fomentar disturbios y violencia interna como parte de su estrategia.

Cambios en el liderazgo

Recientemente se anunció la creación de un Consejo de Liderazgo Provisional en Irán, una decisión que parece estar vinculada a las experiencias del conflicto anterior.

Dentro de este escenario ha ganado relevancia la figura del clérigo Arafi, considerado por algunos analistas como uno de los posibles sucesores en el liderazgo supremo del país. Esta posibilidad contradice los rumores que señalaban a Mojtaba Jamenei como principal candidato, pese a su presencia activa en las instituciones del Estado.

Una presión constante desde 1979

Para entender la actual confrontación también es necesario mirar hacia atrás. La Revolución Islámica triunfó en plena Guerra Fría y la caída del Sha representó una pérdida estratégica importante para Washington. Desde entonces, la nueva República Islámica enfrentó diversos intentos de desestabilización.

Durante los meses posteriores a la revolución se produjeron intentos de contrarrevolución y conspiraciones militares. William Sullivan, el último embajador estadounidense en Irán antes de la revolución, relató en sus memorias sus discusiones con el presidente Jimmy Carter y su asesor Zbigniew Brzezinski sobre posibles golpes de Estado, que finalmente no se concretaron.

También se registró una ola de asesinatos contra figuras importantes de la revolución, como el influyente clérigo Mohammad Beheshti, además de un intento de asesinato contra el propio Ali Jamenei.

Posteriormente, Estados Unidos apoyó a Irak en la guerra contra Irán iniciada por Saddam Hussein, a pesar de promesas previas de no iniciar un conflicto.

Estrategias actuales de ambos bandos

Tras el fracaso de un desenlace rápido, el conflicto parece haberse transformado en una guerra de desgaste entre dos estrategias opuestas.

Estados Unidos e Israel buscarían:

  • Fomentar disturbios internos o ataques de grupos armados para desorganizar las fuerzas de seguridad iraníes.
  • Fragmentar el sistema de liderazgo centralizado, dificultando la comunicación entre instituciones militares y políticas.
  • Golpear la infraestructura de la industria militar iraní para limitar su capacidad de producción y uso de misiles estratégicos.
  • Debilitar la economía iraní y obligarla a pasar de una economía de resistencia a una economía de guerra.
  • Reducir las capacidades navales iraníes antes de que puedan ser utilizadas plenamente.

Por su parte, Irán intentaría:

  • Mantener presión constante sobre Israel mediante ataques que aprovechen las vulnerabilidades psicológicas de su sociedad.
  • Atacar bases estadounidenses en la región para limitar su capacidad de vigilancia, ataque e interceptación.
  • Utilizar el Estrecho de Ormuz como elemento de presión económica, dado que un aumento del precio del petróleo puede afectar la inflación global y los mercados financieros.
  • Agotar los sistemas de defensa antimisiles enemigos mediante ataques repetidos.
  • Golpear buques militares o logísticos estadounidenses, lo que podría generar un impacto estratégico significativo si los daños alcanzaran unidades mayores.

El factor decisivo

En última instancia, el desenlace dependerá de cuál de los dos bandos logre superar primero los límites de resistencia del adversario. Para Irán, resistir en esta etapa del conflicto tiene un significado más amplio que el militar. Si logra evitar una derrota decisiva, podría cuestionar la percepción global de que la superioridad militar estadounidense solo puede enfrentarse mediante la rendición.

Un resultado de ese tipo podría alentar a otros actores internacionales a desafiar el dominio estratégico de Estados Unidos en el sistema internacional.

Fuente. Redacción con informacion Al Mayadeen.

 

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