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¿Hacia dónde se dirige el mundo? El debate entre hegemonía y equilibrio global

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Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Tras la desaparición de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, el sistema internacional entró en una etapa de incertidumbre. El mundo bipolar que había marcado la segunda mitad del siglo XX se desvaneció, dando paso a un intenso debate sobre cuál sería el nuevo orden global. Mientras Estados Unidos impulsaba la consolidación de un modelo unipolar bajo su liderazgo, muchos países defendían la idea de un sistema multipolar con varios centros de poder.

Durante la década de 1990, el escenario internacional estuvo marcado por el caos y la falta de un orden claro. Sin embargo, los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un punto de inflexión. En los días posteriores a los ataques, el entonces presidente George W. Bush fijó una línea política que redefinió las relaciones internacionales con su conocida frase: “O están con nosotros o están con ellos”. Según el autor, este momento consolidó un sistema internacional dominado por Washington.

Ese predominio se mantuvo durante algunos años, pero la crisis financiera global de 2008 debilitó la capacidad de Estados Unidos para ejercer un control unilateral. En ese contexto, resurgió con fuerza la idea de un mundo multipolar, impulsada por el fortalecimiento de potencias emergentes como Rusia y China.

El retorno de Vladimir Putin a la presidencia rusa en 2012 y el ascenso de Xi Jinping al liderazgo del Partido Comunista chino marcaron, según el análisis, una etapa en la que ambas potencias buscaron recuperar influencia y reequilibrar el sistema global. Durante los últimos años, iniciativas como el grupo BRICS parecían reflejar esa tendencia hacia la multipolaridad.

No obstante, el autor sostiene que diversos conflictos recientes y la creciente intervención militar de Washington y sus aliados han frenado ese proceso. A su juicio, el mundo habría regresado a una dinámica unipolar en la que Estados Unidos mantiene una posición dominante, incluso por encima de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y del derecho internacional.

En este escenario, afirma, el único límite real a esa hegemonía proviene del poder nuclear de otras potencias y de la resistencia de algunos Estados que buscan preservar su soberanía. Sin embargo, el analista considera que el sistema internacional actual no es idéntico al de la Guerra Fría y que las alianzas ideológicas han perdido peso frente a los intereses nacionales.

Rodríguez Gelfenstein plantea que el futuro podría estar marcado no tanto por la multipolaridad, sino por un sistema de equilibrio o balance de poder entre grandes potencias. En este modelo, los actores globales evitarían confrontaciones directas que puedan conducir a una guerra de gran escala, mientras defienden sus áreas de influencia.

Dentro de esa lógica, señala que Rusia y China priorizan la defensa de sus intereses estratégicos —como la expansión de la OTAN en el caso ruso o la cuestión de Taiwán para Beijing— mientras buscan fortalecer su posición económica, tecnológica y militar frente a Estados Unidos.

El análisis concluye con una reflexión dirigida especialmente a América Latina y el Caribe. Según el autor, la región solo podrá tener un papel relevante en el futuro sistema internacional si avanza hacia una mayor integración política y económica que le permita actuar con mayor autonomía en el escenario global.

Fuente. Redacción con información AVN

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