Pese a su condena por el Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF) por coacción en el curso del proceso, el exdiputado Eduardo Bolsonaro intensifica hoy en Estados Unidos una ofensiva política contra instituciones de su país.
Medios brasileños de prensa reportan sobre la visita que realiza este lunes el exlegislador a Washington DC para sostener reuniones con integrantes de la administración de Donald Trump y legisladores del Partido Republicano, junto al periodista Paulo Figueiredo.
La gira ocurre después que el pasado 16 de junio la Primera Sala del STF brasileño lo condenara a cuatro años y dos meses de prisión en régimen semiabierto por el delito de coacción en el curso del proceso judicial.
En su decisión, los magistrados concluyeron que el hijo del expresidente Jair Bolsonaro articuló medidas de presión desde Estados Unidos con el propósito de influir en el proceso judicial que enfrentaba su padre, condenado por la tentativa golpista investigada tras los sucesos del 8 de enero de 2023.
De acuerdo con el entendimiento de la Corte, entre esas acciones figuró el denominado “tarifazo” impuesto por Washington a exportaciones brasileñas y otras medidas adoptadas por el Gobierno estadounidense, entre ellas la revocación de visados a ministros del STF y autoridades federales, así como la aplicación de sanciones económicas previstas en la Ley Magnitsky.
Lejos de adoptar una postura defensiva, el exparlamentario convirtió la sentencia en un nuevo argumento para reforzar la narrativa de persecución política que el bolsonarismo intenta proyectar dentro y fuera de Brasil.
De acuerdo con las informaciones divulgadas por el portal Metrópoles, uno de los objetivos de la visita es buscar respaldo para medidas contra el ministro Alexandre de Moraes, figura central en las investigaciones sobre los ataques a la democracia brasileña y sobre la articulación golpista que involucró a aliados del expresidente.
La ofensiva incluye intentos de promover sanciones basadas en la mencionada Ley Magnitsky, mecanismo estadounidense utilizado contra personas acusadas de corrupción o violaciones de derechos humanos.
Tal campaña del exlegislador no surgió de la nada, sino que se desarrolla desde hace años, como parte de una estrategia que traslada al escenario internacional la disputa política y judicial que enfrenta el bolsonarismo en Brasil.
Diversos reportes periodísticos muestran que el político de extrema derecha construyó durante años una extensa red de contactos en el universo conservador estadounidense.
Un reportaje publicado por el diario O Estado de S. Paulo indicó que ya en 2018 Eduardo Bolsonaro mantenía relaciones con figuras como Steve Bannon, Marco Rubio, Ted Cruz, Rudy Giuliani y otros referentes del trumpismo.
Según el periódico, en una visita a Washington ese año una de las acciones del exdiputado fue atacar al programa Mais Médicos, implementado por el gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016), a través del cual miles de profesionales cubanos de la salud trabajaron en zonas rurales y de difícil acceso del gigante sudamericano.
En agosto de 2025, el Departamento norteamericano de Estado anunció la revocación de visas a integrantes del Gobierno brasileño y exfuncionarios de la Organización Panamericana de la Salud por sus vínculos con esa iniciativa sanitaria.
Para sectores políticos y jurídicos brasileños, la conducta de Eduardo Bolsonaro cruza una línea sensible al involucrar actores externos en disputas que corresponden al ámbito institucional del país.
Su estrategia encontró eco en sectores de la administración Trump y el Departamento de Estado llegó a calificar la reciente condena del STF como un episodio de «persecución» y «uso político del sistema judicial», en una declaración que fue celebrada por el bolsonarismo y criticada por sectores que consideran que constituye una injerencia en asuntos internos de Brasil.
Por otro lado, más allá del caso individual, la controversia refleja una disputa de mayor alcance sobre la legitimidad de las instituciones brasileñas.
Mientras el STF sostiene que actúa para proteger el Estado democrático de derecho frente a intentos de desestabilización, los aliados de Bolsonaro buscan internacionalizar el conflicto y convertirlo en una causa de la derecha global.
Todo esto complejiza más el escenario en el país de cara a las elecciones de octubre próximo, en las cuales el hermano mayor de Eduardo, Flávio Bolsonaro, debe buscar la presidencia.
Fuente. Redacción con información de Prensa Brasil y P L

