El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, llegó este miércoles a Costa Rica con un objetivo central: participar en el acto de colocación de la llamada “primera piedra” del Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (CACCO), una megacárcel de máxima seguridad que el gobierno de Rodrigo Chaves pretende construir en el centro penitenciario de La Reforma, en San Rafael de Alajuela.
El proyecto, inspirado en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de El Salvador —símbolo de la política de mano dura de Bukele— fue promovido por el oficialismo costarricense como una pieza clave en la lucha contra el crimen organizado, con capacidad para 5.100 reclusos y una inversión cercana a 35 millones de dólares.
Antes de la visita, autoridades costarricenses —como la jefa de fracción oficialista Pilar Cisneros— habían señalado que este acto cerraría “la boca a quienes decían que la megacárcel era pura paja” y que con la presencia de Bukele se daría “banderazo de salida” a la construcción.
No obstante, en el terreno no hubo colocación de piedra ni evento que marque el inicio de una obra tangible.
Lo que sí se produjo fue un intercambio de discursos, anuncios, críticas y reiteraciones de voluntades políticas para avanzar con un modelo penitenciario inspirado en El Salvador.
La actividad se centró en discursos y fotografías protocolares, pero no hubo colocación física de ninguna piedra ni acto simbólico concreto que marque el inicio real de obras en el terreno.
De hecho, los plazos de construcción —como los 195 días que autoridades han vinculado al inicio del proyecto— no comenzaron a correr oficialmente, porque aún no se ha iniciado el movimiento de tierra ni ninguna de las etapas formales de construcción.
Discurso y consejos de Bukele
En el lugar, Bukele brindó un discurso centrado en seguridad y comparaciones con la experiencia salvadoreña, más que en el acto que oficialmente motivó su presencia.
Según sus palabras, los cuerpos policiales son “el pilar fundamental de cualquier medida de seguridad” y describió a las pandillas como una amenaza silenciosa que puede crecer como un cáncer si no se toma acción temprana.
En un tono de advertencia al contexto costarricense, Bukele señaló que aunque “el caso de Costa Rica no es igual al de El Salvador cuando empezó”, el crimen puede expandirse con efectos devastadores si no se actúa con firmeza:
“Cuando la inseguridad avanza, se cae el trabajo, se complica la educación, se frena la economía. La gente deja de salir, los negocios cierran temprano, la inversión se va y el turismo desaparece”, dijo el mandatario salvadoreño en su intervención.
Estos mensajes buscaron reforzar su imagen como referente de políticas de seguridad duras y promover el modelo que él ha adoptado en su país, pero quedaron enmarcados en un evento que —en los hechos— no aterrizó en la simbología que se había prometido.
Por su parte, el presidente Rodrigo Chaves hizo ataques al Poder Judicial y al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) por no “cumplir con la ley” y además, se pronunció sobre el supuesto magnicidio que fue denunciado ante la Fiscalía General de la República.
Mientras el gobierno defiende la presencia de Bukele como un gesto de cooperación regional en seguridad, el hecho de que la piedra nunca haya sido colocada alimenta dudas sobre la seriedad de los tiempos anunciados y sobre la naturaleza del evento: más simbólico que operativo.
Para Costa Rica, un país que no ha enfrentado una crisis de violencia organizada comparable a la de El Salvador, la presencia de un mandatario extranjero para encabezar un acto que termina sin acción concreta puede abrir el debate sobre prioridades, ritmo de ejecución y concreción de compromisos anunciados.
Fuente. Redacción y elperiodicocr
