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La ONU entra en la recta decisiva para elegir al próximo secretario general: una costarricense y una chilena figuran entre las candidaturas con mayores posibilidades

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Presento un artículo periodístico con enfoque amplio, informativo y neutral.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se aproxima a una de las decisiones más relevantes de los últimos años: la elección de la persona que sucederá al portugués António Guterres al frente de la organización a partir del 1 de enero de 2027. En un contexto internacional marcado por conflictos armados, tensiones geopolíticas, desafíos climáticos y una creciente presión sobre el sistema multilateral, el proceso para designar al próximo secretario general ha entrado en su fase decisiva.

Entre las candidaturas que concentran mayor atención figuran la economista y diplomática costarricense Rebeca Grynspan y la expresidenta chilena Michelle Bachelet, dos mujeres con amplia trayectoria internacional que podrían convertirse en la primera mujer en ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas en los 80 años de historia del organismo. También permanecen en la contienda otros aspirantes, entre ellos el argentino Rafael Grossi y el expresidente de Senegal Macky Sall.

Un proceso altamente político

Aunque el secretario general es considerado el máximo representante administrativo y diplomático de la ONU, su elección depende de un complejo equilibrio político.

El procedimiento comienza en el Consejo de Seguridad, integrado por 15 miembros. Para avanzar, un candidato necesita el respaldo de al menos nueve integrantes y, sobre todo, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido.

Una vez alcanzado ese consenso, el Consejo recomienda un nombre a la Asamblea General, integrada por los 193 Estados miembros, que tradicionalmente ratifica la decisión por consenso.

Este mecanismo convierte la elección en un delicado ejercicio de diplomacia internacional, donde la experiencia profesional es importante, pero también lo son los equilibrios regionales, las alianzas políticas y la aceptación entre las principales potencias.

La histórica posibilidad de elegir a una mujer

Desde la creación de Naciones Unidas en 1945, nueve hombres han ocupado la Secretaría General y ninguna mujer ha llegado al cargo.

Diversos gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y antiguos funcionarios de la ONU han impulsado durante años campañas para que esta vez se rompa esa tradición, argumentando que existe un amplio número de mujeres con experiencia suficiente para dirigir la organización.

Las actuales candidaturas femeninas han reactivado ese debate, aunque el criterio oficial continúa siendo la búsqueda del aspirante con mayor respaldo político y diplomático.

Rebeca Grynspan: experiencia económica y multilateral

La costarricense Rebeca Grynspan llega al proceso con una extensa carrera dentro del sistema internacional.

Fue vicepresidenta de Costa Rica entre 1994 y 1998, administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y actualmente dirige la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Su perfil combina experiencia en desarrollo económico, cooperación internacional, financiamiento para países en desarrollo y negociaciones multilaterales.

Diversos analistas consideran que su capacidad para construir consensos y su conocimiento del funcionamiento interno de Naciones Unidas constituyen algunos de sus principales activos.

Durante la campaña ha defendido la necesidad de fortalecer el multilateralismo, recuperar la confianza en las instituciones internacionales y reforzar la cooperación entre organismos regionales y la ONU para enfrentar conflictos y crisis económicas.

Michelle Bachelet: liderazgo político y defensa de los derechos humanos

La expresidenta chilena Michelle Bachelet aporta un perfil diferente, marcado por su experiencia como jefa de Estado y por su trayectoria dentro de Naciones Unidas.

Fue directora ejecutiva de ONU Mujeres y posteriormente Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, uno de los cargos de mayor visibilidad dentro de la organización.

En sus intervenciones públicas ha planteado la necesidad de modernizar la ONU, hacerla más eficiente y fortalecer su capacidad de mediación frente a los conflictos internacionales.

Asimismo, ha defendido un liderazgo independiente, cercano al terreno y comprometido con el derecho internacional y la protección de los derechos humanos.

No obstante, su candidatura también ha enfrentado desafíos políticos. Aunque fue impulsada inicialmente por Chile, Brasil y México, el cambio de gobierno en Santiago derivó en el retiro del respaldo oficial chileno, mientras Brasil y México mantuvieron su apoyo.

Una organización bajo presión

Quien resulte elegido asumirá la dirección de Naciones Unidas en uno de los momentos más complejos para el organismo.

La institución enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad para responder a guerras prolongadas, crisis humanitarias, desplazamientos masivos de población, cambio climático, amenazas a la seguridad internacional y crecientes tensiones entre las principales potencias.

A ello se suman dificultades financieras derivadas del retraso en las contribuciones de algunos Estados miembros y el debate sobre la necesidad de reformar diversos órganos del sistema internacional.

Los candidatos han coincidido en que será necesario recuperar la credibilidad de la organización, fortalecer el diálogo diplomático y mejorar la capacidad de respuesta frente a las crisis globales, aunque cada uno ha puesto énfasis en prioridades distintas.

Los próximos pasos

Tras las presentaciones públicas y las audiencias informales realizadas ante los Estados miembros, el proceso continuará con las consultas reservadas dentro del Consejo de Seguridad, donde tradicionalmente se realizan varias rondas de votación hasta identificar al candidato con mayores posibilidades de consenso.

Posteriormente, el Consejo recomendará un nombre a la Asamblea General, que formalizará el nombramiento para un mandato inicial de cinco años.

Aunque el desenlace dependerá en gran medida de las negociaciones diplomáticas entre las principales potencias y los distintos bloques regionales, la actual contienda refleja un momento significativo para la organización: la posibilidad de que, por primera vez, una mujer asuma la máxima responsabilidad política y administrativa de Naciones Unidas.

Mientras avanzan las consultas, tanto Rebeca Grynspan como Michelle Bachelet continúan figurando entre las aspirantes con mayor proyección internacional, en una elección cuyo resultado tendrá repercusiones para la gobernanza mundial durante el próximo quinquenio.

Si lo deseas, también puedo adaptarlo al estilo de un reportaje de periódico impreso, una nota de agencia de noticias o un análisis de fondo con mayor contexto geopolítico.

Fuente, Redacción con información de Prensa  O N U y medios

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