El regreso de grandes proyectos petroleros a Venezuela empieza a despertar expectativas —y también a revelar enormes desafíos— mientras compañías internacionales compiten por iniciativas capaces de aumentar rápidamente la producción de crudo del país.
En septiembre, una antigua plataforma de perforación utilizada en aguas poco profundas completó un largo viaje desde China hasta la región petrolera del lago Maracaibo. El paso de la plataforma Alula, que avanzó a escasos centímetros bajo el puente que conecta la ciudad de Maracaibo con los campos petroleros de la costa oriental del lago, generó entusiasmo entre residentes y trabajadores del sector. Durante años no habían visto llegar nuevos equipos debido a las sanciones estadounidenses.
Sin embargo, la operación no estuvo exenta de problemas. Mientras cruzaba el lago, la plataforma chocó con un oleoducto entre la vasta red de más de 20.000 kilómetros de tuberías submarinas. El impacto provocó un derrame que tardó meses en ser reparado antes de que la plataforma pudiera instalarse a finales del año pasado en aguas ya contaminadas. Desde entonces, el aumento de producción ha sido limitado.
Advertencia para las empresas extranjeras
El episodio del Alula refleja la complejidad de reactivar la industria petrolera venezolana. Empresas internacionales —como la estadounidense Chevron, la española Repsol, la italiana Eni, la francesa Maurel & Prom y la china China National Petroleum Corporation— buscan ampliar operaciones y asumir proyectos a corto plazo que impulsen la producción. Pero cada avance suele traer nuevos obstáculos técnicos, logísticos y financieros.
Desde Washington, el presidente Donald Trump ha promovido que compañías estadounidenses inviertan hasta 100.000 millones de dólares para reconstruir una industria que arrastra dos décadas de deterioro, mala gestión e infrainversión durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. En paralelo, Estados Unidos ha ido flexibilizando sanciones mediante licencias generales que permiten exportar, importar e invertir en proyectos petroleros y gasíferos en el país sudamericano.
Producción en alza… pero con retos enormes
Según ejecutivos del sector con activos en Venezuela, las primeras expansiones podrían permitir aumentar la producción en hasta 500.000 barriles diarios en apenas seis meses, partiendo del nivel actual cercano al millón de barriles diarios.
El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, afirmó recientemente desde Caracas que espera un “aumento dramático” de la producción venezolana en los próximos meses.
La expectativa ha encendido alertas y oportunidades tanto en Houston, capital petrolera de Estados Unidos, como en las regiones productoras venezolanas, donde empresas y proveedores se preparan para lo que algunos comparan con grandes reconstrucciones energéticas del pasado, como el aumento de producción en Irak tras la segunda Guerra del Golfo o la recuperación de los campos petroleros de Kuwait incendiados durante el conflicto con Irak.
Reparar primero lo básico
De acuerdo con trabajadores del sector, ejecutivos y analistas consultados, la primera etapa de la reactivación se concentrará en proyectos relativamente rápidos: reutilizar plataformas existentes, rehabilitar pozos deteriorados, recuperar mejoradores de crudo que operan por debajo de su capacidad y reparar puertos y oleoductos administrados por la estatal PDVSA. Sin embargo, incluso estas tareas consideradas “más sencillas” resultan complejas en un sistema industrial que lleva años deteriorándose.
A comienzos de febrero, un recorrido por la zona del lago Maracaibo mostró señales claras del desafío: residuos industriales, tanques desbordados de crudo, campos abandonados, costas ennegrecidas por derrames y largas filas de vehículos esperando gasolina cerca de terminales y centros operativos de PDVSA.
Todas estas escenas reflejan la magnitud del trabajo pendiente en la región que alberga algunas de las instalaciones petroleras más antiguas del país y la segunda mayor capacidad de producción de Venezuela. La carrera por revitalizar la industria ha comenzado, pero el camino promete ser largo y complicado.
Fuente. Redacción con informacion LaPatilla.
Por Marta Carlino y Samuele Papa.

