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El factor Bukele en la estrategia para desarticular el régimen de Maduro

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, desempeñó un papel clave en la arquitectura regional impulsada por la administración de Donald Trump para debilitar al régimen de Nicolás Maduro, combinando presión migratoria, cooperación en seguridad y negociaciones indirectas. Según reconstrucciones diplomáticas y declaraciones posteriores de funcionarios estadounidenses, Bukele pactó con el gobierno de Trump —representado en ese momento por el senador y luego secretario de Estado Marco Rubio— un acuerdo estratégico durante una reunión realizada en la casa presidencial situada a orillas del lago de Coatepeque. En ese encuentro se definió la utilización de un sector del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la prisión de máxima seguridad salvadoreña, para albergar a deportados venezolanos procedentes de Estados Unidos, señalados por Washington como integrantes del cartel del Tren de Aragua, organización criminal que, de acuerdo con acusaciones estadounidenses, estaría protegida o dirigida desde las más altas esferas del poder venezolano, incluyendo a Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López y el propio Nicolás Maduro.

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El acuerdo contempló un esquema financiero mediante el cual Estados Unidos pagaría a El Salvador una suma por la concesión y mantenimiento de ese espacio carcelario, en lo que fue interpretado como una externalización del sistema de detención de alto riesgo. En total, 238 venezolanos fueron trasladados al CECOT desde territorio estadounidense, convirtiendo a El Salvador en un actor operativo dentro de la política migratoria y de seguridad hemisférica de Washington. La medida fue presentada oficialmente como una acción contra el crimen transnacional, aunque desde el inicio tuvo una clara lectura geopolítica: aumentar el cerco sobre el régimen venezolano y reducir sus márgenes de maniobra.

El giro decisivo se produjo meses después, cuando Bukele abrió una negociación directa e inédita con Caracas. En abril de 2025, el mandatario salvadoreño propuso entregar a todos los miembros del Tren de Aragua y del denominado Cartel de los Soles que se encontraban detenidos en El Salvador a cambio de la liberación inmediata de todos los ciudadanos estadounidenses presos en Venezuela, así como de ciudadanos extranjeros y de un grupo significativo de opositores venezolanos encarcelados por razones políticas. La negociación incluyó garantías de retorno seguro y se articuló con la mediación indirecta de Estados Unidos. Finalmente, el gobierno de Maduro aceptó el trato, liberó a los detenidos y los envió de regreso a sus países de origen, al tiempo que recibió varios vuelos provenientes de El Salvador con los venezolanos deportados desde Estados Unidos.

Desde la perspectiva estratégica de Washington, esta operación constituyó una jugada maestra. Con la liberación de ciudadanos estadounidenses y de figuras de la oposición venezolana, el régimen de Maduro quedó prácticamente sin rehenes políticos que pudieran ser utilizados como moneda de intercambio en futuras negociaciones. Al mismo tiempo, Estados Unidos eliminó uno de los principales factores de contención política y diplomática que limitaban acciones más directas, lo que despejó el camino para avanzar en su plan de presión máxima sobre Caracas. La cooperación de Bukele fue vista internamente como un elemento determinante para romper el equilibrio que el chavismo había utilizado durante años para ganar tiempo frente a la comunidad internacional.

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El propio Donald Trump reveló posteriormente que el plan no fue improvisado, sino que había sido planificado y ensayado durante varios meses, con simulaciones logísticas y diplomáticas. Según sus declaraciones, la operación estaba pensada para ejecutarse durante el Año Nuevo, en una fecha simbólica que algunos analistas interpretaron como un guiño histórico a la huida de Fulgencio Batista de Cuba en 1959, en el marco de la revolución cubana. Sin embargo, condiciones climáticas adversas obligaron a postergar la ejecución final. Pese a ello, el esquema general se mantuvo intacto y terminó desarrollándose conforme a lo previsto.

En conjunto, la participación de El Salvador consolidó a Bukele como un aliado estratégico de Washington en América Latina y como un actor dispuesto a asumir costos políticos y diplomáticos a cambio de posicionamiento internacional. Para Estados Unidos, el uso del CECOT y la posterior negociación con Venezuela no solo cumplieron un objetivo inmediato de seguridad y liberación de prisioneros, sino que formaron parte de una maniobra más amplia destinada a dejar al régimen de Maduro sin margen de negociación y con una presión externa sin precedentes.


Referencias:

  • Agencia Reuters: cobertura sobre política estadounidense hacia Venezuela y negociaciones indirectas.
  • Associated Press (AP): reportes sobre deportaciones de venezolanos y uso del CECOT.
  • Human Rights Watch: informes sobre detenciones y traslados de migrantes venezolanos.
  • The Washington Post y The New York Times: análisis sobre la estrategia de Donald Trump hacia Venezuela y el rol de aliados regionales.
  • Comunicados oficiales del gobierno de El Salvador y declaraciones públicas de Nayib Bukele y Donald Trump.

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