El segundo debate presidencial organizado por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) se desarrolló en un clima marcado por el descontento social, los llamados a la seguridad y un cierre dominado por posturas de corte conservador. A menos de dos años de los comicios de 2026, el encuentro dejó en evidencia tanto las tensiones del electorado como las estrategias discursivas que los aspirantes buscan consolidar en esta etapa temprana de la contienda.
El debate reunió a los principales candidatos presidenciales y se centró en ejes clave como economía, seguridad ciudadana, institucionalidad democrática y políticas sociales. Aunque el formato permitió el intercambio directo de propuestas, el tono general estuvo atravesado por críticas al estado actual del país y por mensajes dirigidos a un electorado que, según coinciden diversos análisis, expresa cansancio y frustración frente a la gestión pública.
El enojo social como punto de partida
Desde las primeras intervenciones, varios candidatos apelaron al malestar social como elemento central de sus discursos. Temas como el alto costo de la vida, la inseguridad, el desempleo y la percepción de corrupción fueron recurrentes y utilizados para cuestionar a las élites políticas tradicionales y al desempeño de las instituciones.
Algunos aspirantes optaron por un lenguaje directo y confrontativo, buscando posicionarse como voces de ruptura frente al statu quo. Otros, en cambio, reconocieron el descontento ciudadano pero enfatizaron la necesidad de estabilidad y gobernabilidad, advirtiendo sobre los riesgos de propuestas “improvisadas” o “extremas”.
Este contraste evidenció dos lecturas distintas del momento político: una que apuesta por capitalizar el enojo social como motor de cambio y otra que intenta canalizarlo hacia reformas graduales dentro del marco institucional.
Seguridad y valores: el giro hacia el discurso conservador
En el tramo final del debate, el énfasis se desplazó hacia temas de seguridad, orden público y valores. Fue en este segmento donde varios candidatos coincidieron en planteamientos de corte conservador, con llamados a fortalecer la autoridad del Estado, endurecer las políticas contra el crimen y reforzar el papel de la familia y la educación tradicional.
Las propuestas incluyeron desde reformas legales para combatir la delincuencia hasta un mayor protagonismo de las fuerzas de seguridad, así como críticas a políticas sociales consideradas “ineficientes” o “ideologizadas”. Este giro discursivo pareció buscar sintonía con un sector del electorado que demanda respuestas rápidas y firmes ante problemas estructurales.
No obstante, también hubo voces que advirtieron sobre el riesgo de sacrificar derechos y libertades en nombre de la seguridad, subrayando la importancia de mantener un equilibrio entre el control estatal y el respeto al marco democrático.
Diferencias en las formas, coincidencias en el fondo
Aunque los estilos y tonos variaron entre los participantes —desde intervenciones técnicas hasta mensajes emotivos—, el debate dejó ver coincidencias en diagnósticos generales, especialmente en la percepción de una crisis de confianza entre la ciudadanía y la clase política.
Las diferencias se hicieron más visibles en las soluciones propuestas y en la manera de comunicar. Mientras algunos candidatos apostaron por discursos identitarios y de valores, otros intentaron reforzar su perfil como gestores con experiencia o como opciones de consenso.
Un camino electoral que apenas comienza
El segundo debate del TSE no definió ganadores claros, pero sí permitió identificar las líneas narrativas que probablemente marcarán la campaña rumbo a 2026. El enojo social, la demanda de seguridad y el avance de discursos conservadores aparecen como elementos centrales de una contienda que aún está en fase de posicionamiento.
Con más debates y actividades proselitistas por delante, el desafío para los candidatos será transformar estos mensajes iniciales en propuestas concretas y creíbles, en un contexto donde el electorado se muestra cada vez más crítico y menos dispuesto a aceptar promesas sin sustento.
Fuente. Redacción y Prensa T S E
