El rápido deterioro de las condiciones en hospitales y clínicas de toda Cuba está causando muertes evitables, según médicos cubanos.
El pasado fin de semana, cuando el apagón nacional en Cuba se prolongó por segundo día consecutivo, Jorge Pérez Álvarez se encontraba en una situación muy delicada.
Este joven de 21 años padece una enfermedad genética que impide que sus pulmones bombeen aire por sí solos. Necesita un respirador artificial en todo momento para seguir respirando.
Se supone que la batería de reserva de su respirador dura más de un día, pero eso se ha puesto a prueba varias veces en las últimas semanas, incluidos los tres apagones en todo el país que la han llevado a sus límites. Y con la electricidad cortada durante horas todos los días, apenas hay tiempo para recargarla.
El bloqueo estadounidense de petróleo hacia Cuba está agotando rápidamente el suministro de combustible del país, y ha provocado apagones diarios, escasez de alimentos, clases canceladas y precios de la gasolina en el mercado negro que se acercan a los 40 dólares el galón. También está paralizando el sistema de salud universal de Cuba, una institución estatal considerada en su día un éxito para un país pobre, pero que ahora tiene dificultades para proporcionar atención básica.
En entrevistas, seis médicos cubanos dijeron que el rápido deterioro de las condiciones en hospitales y clínicas de toda Cuba estaba causando muertes que, de otro modo, podrían haberse evitado.
Alioth Fernández, anestesista jefe del mayor hospital pediátrico de La Habana, no sabe cuántas muertes ha habido, pero tiene certeza de que fueron más que en el mismo periodo del año pasado. Lo ha visto en los cambios de turno, lo escucha de sus colegas y lo ha experimentado en sus propias operaciones.


Los efectos del bloqueo están afectando a todo el sistema. Los hospitales están cancelando operaciones y enviando a los pacientes a casa porque los médicos y los enfermeros no pueden desplazarse para trabajar. Las clínicas tienen dificultades para administrar tratamientos como la quimioterapia y la diálisis debido a los cortes de electricidad.
Muchas ambulancias están estacionadas porque los conductores no encuentran gasolina. Las farmacias están casi vacías porque el Estado, prácticamente en bancarrota, tiene dificultades para adquirir medicamentos.
La producción de medicamentos se ha detenido en su mayor parte porque las fábricas funcionan con gasóleo. Los fabricantes de vacunas están buscando ingredientes porque los vuelos que antes los transportaban se han cancelado por falta de combustible. Y las reservas de vacunas refrigeradas podrían estropearse pronto si se prolongan los apagones.
“Esto no es sutil, es extremo”, dijo Paul Spiegel, experto en salud pública de la Universidad Johns Hopkins, quien ha dirigido respuestas de salud pública en Afganistán, Ucrania y Gaza. “Ya se está viendo cómo los hospitales cambian su funcionamiento”. Al igual que ocurrió durante las crisis en esos otros lugares, dijo que las condiciones estaban obligando a los trabajadores de la salud cubanos a seleccionar a los pacientes. “La magnitud y quién se verá afectado dependerán de estas horribles decisiones que tienen que tomar”, dijo.
Mientras que la estancada economía planificada por el Estado y el aislamiento internacional de Cuba han alimentado décadas de pobreza generalizada, el sistema gratuito de salud del país ha sido durante mucho tiempo un punto brillante. Esto se debe, en parte, a que el gobierno ha destinado aproximadamente una quinta parte de su presupuesto a salud pública, lo que equivale a cerca del doble del promedio mundial, según la Organización Mundial de la Salud.
Hasta la pandemia de COVID-19, la esperanza de vida y las tasas de mortalidad infantil en Cuba eran comparables a las de los países desarrollados, mientras que la proporción de médicos por paciente estaba entre las mejores del mundo, según el Banco Mundial.


Pero el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra Cuba, iniciado durante el primer gobierno de Donald Trump, ha planteado grandes retos. Han impedido que los hospitales sustituyan los equipos obsoletos, han complicado los pagos y la logística internacionales y han hecho que los proveedores médicos estadounidenses y europeos suspendan los contratos por temor a incumplir las normas estadounidenses. Los economistas calculan que las sanciones también han costado al Estado miles de millones de dólares en ingresos perdidos.
En 2018, la tasa de mortalidad infantil en Cuba era de 4 por cada 1000 nacimientos, inferior a la de Estados Unidos. En 2025, esa tasa se había más que duplicado, hasta 10 muertes, casi el doble que la cifra estadounidense.
Las consecuencias de las sanciones tardaron varios años en propagarse por el sistema de salud, dijo Ruth Gibson, doctora de la Universidad de Stanford que estudia el impacto de las sanciones en la salud pública. El impacto del bloqueo petrolero, dijo, “será probablemente exponencialmente más grave”.
Liliam Delgado Peruyera, ginecóloga y obstetra del principal hospital materno de Cuba, dijo que los daños ya eran evidentes.
“Estamos recibiendo casos con una morbilidad mucho mayor”, dijo Delgado Peruyera, y señaló que en febrero murieron tres recién nacidos, la mayor cantidad que recordaba en un mes. “Sobre todo hemos tenido, semanas atrás, la prematuridad extrema, que nos ha golpeado fuertemente”. Atribuyó el aumento de los nacimientos prematuros, en parte, al incremento de las infecciones debido a la escasez de antibióticos.


El gobierno cubano dijo este mes que había 96.400 pacientes pendientes de intervención quirúrgica, aunque no estaba claro cuántos se habían añadido a la lista desde el bloqueo. La escasez de combustible ha retrasado la vacunación de más de 30.000 niños, añadió el gobierno, y ha provocado la inconsistencia de la radioterapia y la diálisis renal de casi 20.000 pacientes.
Los medicamentos también escasean desesperadamente. Este mes, una farmacia de un barrio pobre de La Habana estaba cerrada en plena jornada laboral y sus estantes vacíos podían verse a través de una ventana agrietada. Unos carteles escritos a mano en la puerta advertían a los clientes de que las compras estaban estrictamente limitadas.
Un cartel decía que se avisaría a la policía de quienes “revenden medicamento”.
Al otro lado de la ciudad, el Hospital Pediátrico William Soler estaba inquietantemente silencioso. El hospital está funcionando con una plantilla raquítica, y muchos médicos, enfermeros y pacientes recorren kilómetros bajo el sol del Caribe para llegar hasta allí.
El gobierno da prioridad a la electricidad para los hospitales, lo que ayuda a mantener sus luces encendidas cuando otras partes de la ciudad están a oscuras. Sin embargo, este mes, los hospitales han tenido que recurrir a generadores de reserva durante los tres apagones que han afectado a todo el país.
Fernández, el anestesista jefe, mantenía sedado a un niño de 2 meses durante una operación cuando se produjo un apagón. Las luces y los equipos que controlaban los signos vitales del bebé se apagaron de repente durante unos minutos, hasta que entró en funcionamiento el generador. “Cuando estás adentro”, dijo el médico, “te parece una hora”.
En otras partes del hospital, médicos y enfermeros se apresuraban a llegar a los respiradores que bombeaban aire a los pulmones de los recién nacidos enfermos. Los sistemas de baterías de las máquinas murieron hace años, por lo que los trabajadores de la salud tienen que apretar una bomba de goma para que los bebés sigan respirando hasta que los generadores vuelvan a funcionar.
Con tan poco combustible, los generadores de gas solo pueden ser una salvación temporal. Los enfermeros de la unidad neonatal del hospital dijeron que ya tienen planes para un hospital al cual le falte la energía en su totalidad: envolver a los recién nacidos en mantas y volver a meterlos en incubadoras inactivas, con la esperanza de que se mantengan lo bastante calientes para sobrevivir.


El último cargamento de petróleo llegó a Cuba el 9 de enero. Los países habían interrumpido los envíos tras las amenazas de Trump, pero ahora los ojos están puestos en un petrolero ruso que podría llegar a principios de la próxima semana.
El presidente Miguel Díaz-Canel ha advertido a los cubanos de que la red eléctrica del país es profundamente inestable y que es probable que las cosas empeoren.
En respuesta, el gobierno ha instalado paneles solares en dispensarios y residencias de ancianos de los barrios, así como en las casas de 120 niños enfermos que necesitan aire acondicionado. El gobierno dijo que también había proporcionado paneles solares a 10.000 trabajadores de la atención a la salud y de la educación para que pudieran trabajar a distancia.
Pero están surgiendo nuevos retos en toda la isla. Los grifos se están secando porque las bombas de agua dependen de una red eléctrica que falla. Las instalaciones sanitarias están empeorando. Y cada vez es más difícil encontrar alimentos, según el máximo responsable de las Naciones Unidas en Cuba.
Un rasgo distintivo del sistema de salud cubano eran los paquetes regulares de alimentos, suplementos y medicamentos para las nuevas madres y los bebés. Como resultado, hasta la pandemia, Cuba tenía una de las tasas de desnutrición infantil más bajas de la región, según UNICEF.
Las madres cubanas y sus médicos dijeron que esas entregas mensuales han ido llegando cada vez más pequeñas y con mucha menos frecuencia. Roxana Martínez Rodríguez, médica comunitaria de un barrio de La Habana, dijo que este año sus pacientes no han recibido leche ni suplementos como el ácido fólico, que antes el Estado suministraba regularmente. Esto ocurre mientras los precios generales de los alimentos se han disparado desde enero, otro resultado del creciente costo del combustible.
“Un salario no te alcanza malamente para desayunar”, dijo Martínez Rodríguez. “Es un lujo comprar una col”.
Martínez Rodríguez dijo que su número de pacientes se ha duplicado en los últimos años, hasta alcanzar los 1930, porque muchos médicos y enfermeros han abandonado el sistema de salud en busca de salarios más altos en el creciente sector privado, mientras que otros se han marchado de la isla. Los trabajadores de la salud que quedan están agotados, sobre todo porque deben enfrentarse a los mismos retos diarios de la vida que sus aproximadamente 10 millones de compatriotas cubanos.
“Tenemos los mismos apagones que tiene la población, tenemos la misma escasez”, dijo. “Y eso, aunque uno no quiera, te va a afectar”.

Fuente. Redaccion con informacion de The New York Time
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