Según el expresidente Miguel Ángel Rodríguez, doña Laura Fernández ha sido elegida como nueva presidenta de Costa Rica por una mayoría significativa de los ciudadanos, para liderar el país durante el próximo cuatrienio. Rodríguez destaca que su elección es histórica: ningún otro presidente había recibido un respaldo tan amplio desde la elección de Luis Alberto Monge en 1982. Incluso en la Asamblea Legislativa, Fernández cuenta con una mayoría notable, también sin precedentes en las últimas décadas.
En su artículo de opinión, Rodríguez recuerda la larga trayectoria en la función pública de la presidenta electa: desde el Ministerio de Planificación, como asesora legislativa, pasando por cargos de alto nivel en la municipalidad de Cartago, hasta Ministra de Planificación y Ministra de la Presidencia.
El expresidente también subraya que su mandato llega en un contexto de profunda fragmentación política, con un sector de la población que apoya la continuidad de la acción gubernamental para favorecer cambios profundos, y otro sector preocupado por posibles tendencias centralizadoras del poder presidencial, que podrían debilitar el estado de derecho.
¿Qué estilo de gobierno adoptará?
Rodríguez enfatiza que la capacidad de la presidenta Fernández de unir fuerzas políticas y sociales dependerá de su estilo de gobierno. Según el expresidente, una administración eficaz requiere cordialidad y capacidad de diálogo entre los diferentes poderes del Estado y las organizaciones civiles.
En su artículo, Rodríguez menciona proyectos nacionales como la “Terminal de Cruceros y Marina”, que han quedado estancados por la lentitud de los procedimientos y la complejidad normativa. Su propuesta consistía en crear una comisión de alto nivel, con representantes del gobierno, de la Contraloría, del Colegio de Ingenieros y Arquitectos y del Colegio de Abogados, para proponer soluciones rápidas respetando la ley. Con este enfoque, proyectos esenciales podrían completarse durante el mandato de Fernández.
Rodríguez concluye que un estilo de gobierno abierto al diálogo y a la búsqueda de soluciones, en lugar de confrontaciones y retrasos burocráticos, no solo favorecería el éxito de los proyectos, sino que beneficiaría principalmente al país.
Fuente. Redacción con informacion Diario Extra.
Por Marta Carlino y Samuele Papa.

